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Palabras DR. Eduardo Bustillo
Presidente Honorario
Señor Doctor Jaime Quintero Esguerra,
Presidente Honorario del 50º Congreso Anual, Bodas de
Oro de la SCCOT
Señor Doctor Miguel Ángel Murcia Rodríguez,
Presidente SCCOT
Señor Doctor Alberto Restrepo Secretario Ejecutivo SCCOT
Señores Miembros de la Junta Directiva,
Estimados Colegas Nacionales e Internacionales
Señoras y Señores
Deseo en primer lugar dirigirme
a los compañeros de mi generación y en especial
a quienes están contemplando el retiro profesional.
En mi experiencia, el dejar la medicina no significa perder
parte de la existencia; si la suerte nos acompaña está decisión
nacerá de un proceso voluntario, planeado y basado en
la convicción que es una etapa del ciclo vital; que
aunque sabemos más de la profesión que nunca,
reconocemos que las habilidades psicomotoras que forjamos durante
toda una vida, ya no son la mejor alternativa para quienes
ponen su salud en nuestras manos.
Debemos dejar la medicina antes que ella nos deje a nosotros,
sin rencor, sin sensación de pérdida. Debemos
“voltear la página” y continuar escribiendo el libro
de nuestras vidas.
Esta actitud nos permite abrir nuevos horizontes, darnos el
tiempo para reencontrarnos, tiempo para aprender a querernos,
para explorar nuevos caminos, para darle rienda a nuestra imaginación
y descubrirnos aptitudes y fortalezas.
A mis colegas de generaciones ulteriores,
a aquellos con quienes tuve el privilegio de aprender tratando
a enseñarles,
a quienes bondadosamente me llamaron “Maestro”, deseo expresarles
mi admiración porque en épocas en donde algunos
sectores de la Sociedad Civil hacen primar sus intereses económicos
a la justicia de retribuir adecuadamente la cuota de sacrificio
que demanda de ustedes, continúen manteniendo los principios éticos
y morales de nuestra noble profesión. A los médicos residentes que ante el
deseo de adquirir conocimientos en beneficio de sus pacientes
se han embarcado en el extenuante proceso de lograrlo, les
quiero decir que durante los 50 años en que pretendí transmitir
y compartir mis experiencias, siempre encontré en los
jóvenes de entonces, al final de la jornada, aquella
“satisfacción del deber cumplido” que rápidamente
los hizo olvidar sus penalidades.
Debo reconocer que los costosos avances tecnológicos
ahora disponibles, han logrado además, hacer aun más
pendientes del establecimiento económico – industrial
a estos valerosos colegas.
Podemos decir con Paracelso el gran médico
de la antigüedad:
“Aquel que no sabe nada, no ama a nadie.
Aquel que no sabe hacer nada, no entiende nada.
Aquel que no entiende nada, no vale nada.
Pero aquel que entiende, también ama, también
siente y también ve”
Tratar de enseñar enaltece al hombre, y la inmerecida
distinción que ustedes me están haciendo, confirma
mis aseveraciones.
Deseo expresar mi profundo agradecimiento para
todos y cada uno de los miembros de esta nuestra gran Sociedad,
para los miembros de su Junta Directiva y para ese gran señor,
para ese destacado científico y amigo, el Dr. Miguel Ángel
Murcia Rodríguez.
Gracias
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