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Revista Colombiana de Ortopedia y Traumatología. Vol 15, Número 3



Amputación en el tratamiento de las malformaciones congénitas de los miembros inferiores en niños 

Serie de casos. Experiencia de diez años.
Dr. José M. Niño C., * Dra. Claudia Marcela Medina M., * Dr. Pablo Rosselli C. **
* Residente III año Ortopedia y traumatología, Hospital Militar Central,
Universidad Militar Nueva Granada, Bogotá D.C.
**Ortopedista infantil. Servicio de Ortopedia, Instituto de Ortopedia Infantil Roosevelt. Docente, Universidad Militar Nueva Granada, Bogotá D.C.

Palabras claves: Amputación, malformaciones congénitas.

Resumen

En este estudio se evaluaron los pacientes que requirieron amputaciones por malformaciones congénitas en miembros inferiores en el Instituto de Ortopedia Infantil Roosevelt, durante los últimos diez años. Se incluyeron 62 pacientes, a los que se les realizó amputación en algún nivel de miembros inferiores, intervenidos entre enero de 1990 y diciembre de 2000. El promedio de edad fue de 6 años (0 a 18 años). Los casos se distribuyeron según el diagnóstico de nivel de amputación, compromiso uni o bilateral, forma del muñón, complicaciones, tipo de marcha, satisfacción de los padres con el procedimiento y tiempo para adquirir autonomía en la marcha.

Los diagnósticos más frecuentes fueron la hemimelia peronera tipo II (35,5%) y la hemimelia tibial tipo I, (21,0%); el tipo de amputación más frecuente fue la amputación del pie (35,5%), el compromiso bilateral se encontró en 16,1% y la complicación más frecuente fue la infección en 19,4%.

Introducción

Amputar un niño con una malformación congénita de los miembros inferiores no es fácil. Se debe tener la absoluta certeza de que no se va a ofrecer una mejor alternativa, como un procedimiento reconstructivo (osteotomías, liberación de tejidos blandos y alargamientos), antes de tomar una decisión irreversible, como es una amputación. Para esto, se debe conocer la historia natural de las discrepancias de longitud de miembros inferiores de las malformaciones congénitas, para no caer en la fácil tentación de proceder a reconstruir mediante múltiples cirugías, que además de generar falsas expectativas en los padres, van a arruinar la infancia de un paciente, que en últimas va a terminar amputado al llegar a la madurez esquelética. Se debe aprovechar la mejor adaptación psicológica y funcional del niño en los primeros años de vida, circunstancia que mejora la rehabilitación integral del paciente.

Indicar una amputación en un niño con una malformación congénita, genera rechazo de los padres, por lo que se requiere dar una explicación en la que se mire la amputación, como un procedimiento reconstructivo con una rápida rehabilitación en la mayoría de los casos.

Hay muchos aspectos con relación al cuidado del niño amputado que difieren de los adultos amputados y que demandan consideraciones separadas. El adulto que ha completado su desarrollo, es responsable e independiente; por el contrario, el niño que está en crecimiento es completamente dependiente de sus padres. Los problemas del niño amputado son el crecimiento, el entrenamiento con la prótesis, disciplina y ocasionalmente problemas psicológicos en el colegio y en el hogar.1

Con este trabajo se pretende hacer un seguimiento a los niños, que por deficiencias congénitas de las extremidades inferiores, han requerido amputaciones, con el fin de evaluar complicaciones post operatorias tempranas o tardías, adaptación a la ortesis y a su vida cotidiana.

Marco teórico

Las amputaciones en los niños pueden ser divididas en dos grupos: congénitas y adquiridas. Las amputaciones congénitas pueden no necesitar ningún tratamiento quirúrgico y muchas ocurren a través de las articulaciones. En el grupo de las adquiridas, el trauma es la razón más común de pérdida de extremidad. Los tumores también están implicados como una causa frecuente de amputación.2

La cirugía de amputación en niños difiere de la de los adultos en tres áreas: el crecimiento, el sobre crecimiento del muñón y la cicatrización.1,3

Si se requiere una amputación en la infancia temprana, el cirujano debe, en lo posible, preservar la mayor cantidad de epífisis para el futuro potencial de crecimiento de la extremidad. La pérdida de la epífisis femoral distal por amputación AK de la rodilla, produce un acortamiento considerable de ésta para la vida adulta; tiene mejor resultado una desarticulación de la rodilla en la cual se conserva la epífisis femoral distal, preservando así el 70% del crecimiento de este hueso.1

La segunda consideración en las amputaciones de los niños, es el sobrecrecimiento. Se produce una prominencia de nuevo hueso en el punto de sección que puede causar inflamación, dolor y dificultades en el manejo de la prótesis; en algunos casos, la prominencia ósea puede protruir a través de la piel. Este inconveniente ocurre sólo cuando la amputación se hace a través de la diáfisis, no ocurre en las desarticulaciones por el recubrimiento con cartílago articular.1

El sobrecrecimiento terminal es más común en amputaciones BK de la rodilla, y tiende a comprometer más comúnmente el peroné que la tibia. El húmero sin embargo, es propenso al sobrecrecimiento, pero éste en un sitio mucho menos común de amputación.1

Los estudios patológicos de la zona de sobrecrecimiento muestran crecimiento aposicional de hueso con osificación, que ocurre sobre una zona de crecimiento cartilaginoso; esto puede ser explicado por la alta actividad osteogénica del periostio del niño. La estimulación mecánica de la epífisis por la prótesis puede ser también un factor en el sobrecrecimiento óseo. La incidencia de sobrecrecimiento terminal es alta en amputaciones a través de la diáfisis, principalmente en niños menores de 10 años.1

La tercera diferencia en las amputaciones en los niños es la cicatrización. En la niñez el proceso de cicatrización ocasionalmente se ve afectado por un pobre desarrollo de los tejidos blandos circundantes, que a su vez depende del tipo de amputación elegida.1

La desarticulación trae grandes ventajas con respecto a la amputación a través de la diáfisis; el crecimiento epifisiario y el extremo del hueso se preservan, se evita el sobrecrecimiento terminal del hueso y se crean extremidades que son potencialmente más resistentes.1

Agentes ambientales como los teratógenos, son involucrados como una causa de deficiencias o malformaciones de las extremidades en los niños. Sin embargo, es difícil determinar la posibilidad de herencia de éstas entidades para realizar consejería genética a las familias de éstos niños.4

Las deformidades congénitas pueden iniciar muy tempranamente durante la vida embrionaria, o pueden desarrollarse en diferente etapas del desarrollo durante la gestación. Generalmente son más severas las deformidades en la vida fetal temprana. Las malformaciones resultan de un defecto en la formación de los tejidos. La deformación es resultado de la acción de fuerzas mecánicas anormales sobre tejidos normales.4

En una reciente revisión, Brent5 anotó que 60% a 70% de las malformaciones humanas son de etiología desconocida. Causas ambientales han sido identificadas en aproximadamente 10% de las malformaciones, así: infecciones maternas 3%; compresión uterina 2%; exposición del feto a drogas conocidas, químicos, irradiación o hipertermia 1%.

Aproximadamente 5% de las malformaciones tienen un origen citogenético y alrededor de 15%, son originadas por mutaciones transmitidas por patrones mendelianos.4

Los casos de ausencia completa de las cuatro extremidades son excepcionalmente raros; los defectos de ausencia son usualmente parciales y generalmente hacen parte de múltiples malformaciones congénitas. La ausencia localizada de defectos en extremidades inferiores, son menos comunes que en miembros superiores.4

 
Tabla 1.
 
• Variables sociodemográficas
 
a. Sexo
b. Edad
• Diagnostico inicial
  a. Hemimelia peronera tipo I
b. Hemimelia peronera tipo II
c. Hemimelia peronera tipo III
d. Hemimelia tibial tipo I
e. Hemimelia tibial tipo II
f. Hemimelia tibial tipo III
g. Bandas constrictivas
h. Síndrome de proteus
• Clasificación de las malformaciones
Hemimelia peronera
(Clasificación de Coventry y Johnson).
  a. I
b. II
c. III
Hemimelia tibial:
Clasificación de Kalamchi y Dawe.
  a. I
b. II
c. III
Tipo de amputación
  a. Amputación parcial del pie
b. Amputación del pie (syme)
c. Amputación transtibial
d. Desarticulación de rodilla
e. Amputación transfemoral
Forma del muñón
  a. Cilíndrica
b. Cónica
c. Bulbosa.
Complicaciones  
  a. Ninguna
b. Infección
c. Remodelación del muñón
d. Reamputación
e. Cierre por segunda intención
f. Miembro fantasma
Tipo de marcha
  a. Ambulador en la comunidad
b. Ambulador casero
c. Ambulador no funcional
d. No ambulador
Desempeño laboral o escolar
  a. Independiente productivo
b. Independiente no productivo
c. Dependiente.
Satisfacción de los padres
  a. Malo (1 a 3 puntos)
b. Aceptable (4 a 6 puntos)
c. Bueno (7 a 9 puntos)
d. Muy bueno
(Mayor de 9 puntos)
Tiempo de autonomía en la marcha
  a. 2 a 3,5 meses
b. 4 a 5,5 meses
c. 6 a 8 meses.
Fecha de amputación
 
a. Intervalo 1: entre 1990 y 1995
b. Intervalo 2: entre 1996 y 2000

La deficiencia femoral proximal es una rara pero bien reconocida malformación. Esta es usualmente clasificada por la distribución anatómica de las anormalidades, y los cambios bilaterales son mucho menos comunes que el compromiso femoral unilateral. La mayoría de los casos no tiene una causa certera y se han reportado como de aparición esporádica. Hamanishi5 revisó una serie de pacientes con fémur corto congénito y concluyó que la base de éste desorden puede ser poligénica o multifactorial. La embriopatía por talidomida es más frecuentemente asociada con defectos femorales más severos y que además involucra a otros huesos largos como la tibia y el radio.4

Los defectos parciales o totales de peroné usualmente son esporádicos y de etiología desconocida, puede ocurrir asociación de defectos que involucran las extremidades superiores. Una de las más frecuentes anormalidades que involucran las extremidades inferiores, es la ausencia o hipoplasia de peroné. Esta puede ocurrir como un defecto aislado o puede estar asociada a otras anomalías como ausencia de cuarto y quinto rayos, coalisión tarsiana, hipoplasia de cóndilo femoral lateral y deficiencia femoral proximal. La deficiencia del peroné es encontrada en una variedad de desórdenes esqueléticos en entidades multisistémicas.4

La ausencia o hipoplasia de la tibia, es una anormalidad poco común, es esporádica en la mayoría de los casos y es altamente variable en la severidad. Algunos casos hacen parte de síndromes sistémicos; es conocida su transmisión autosómica dominante o autosómica recesiva.4,7

En décadas anteriores la filosofía del tratamiento de las deficiencias de miembros inferiores consistía en proveer soportes ortésicos u ortoprótesis necesarias para restaurar la longitud. Algunos individuos fueron vistos como “lisiados”; es muy importante definir que éstas deficiencias pueden representar verdaderas amputaciones que pueden ser manejadas actualmente con modernas prótesis.5

Materiales y métodos

Diseño

Estudio clínico, observacional, descriptivo, tipo serie de casos.

Población y muestra

Se revisaron 184 historias clínicas de pacientes con amputaciones de miembros inferiores. Se incluyeron 62 pacientes, incorporados a la investigación por muestreo secuencial, e intervenidos entre enero del 1990 y diciembre del 2000 en el Instituto de Ortopedia Infantil Roosevelt. Todos los pacientes tenían diagnóstico de malformaciones congénitas en miembros inferiores y el tratamiento elegido en junta quirúrgica fue la amputación en algún nivel. Algunos pacientes tuvieron asistencia por parte del servicio de psiquiatría. Se recolectó la información en el formato previamente diseñado (Anexo 1)

Las variables consideradas en el estudio se presentan en la tabla 1.

 


  19/Abr/2006

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