| La
verdadera utilidad del “calzado correctivo” en niños.
Dr.
Pablo Rosselli Cock, Dra. Astrid Medina Cañón
Las
formas más antiguas de calzado datan de hace 100.000 años,
y fueron halladas en las cuevas de Fort Rock, en el estado de Oregon.
Se trataba de un calzado primitivo, elaborado con piel de animales,
que protegía los pies del frío y el medio ambiente. Hay
evidencia arqueológica de su uso en Egipto y Mesopotamia, y posteriormente
en la antigua Grecia y Roma, en donde el calzado era un símbolo
de estatus.
Los franceses en
el siglo XVI introdujeron el empleo del tacón y, desde entonces,
el uso del zapato ha tenido una influencia por la moda.28
Nicolás Andry en el siglo XVIII sugirió que el pie de
los niños requería de un soporte externo para su adecuado
crecimiento, por lo que se implementó el uso del zapato rígido
y, con frecuencia, compresivo. Andry
postuló que con “ejercicios”, y calzado con soportes en el arco
se evitaba un mal desarrollo del pie y posible discapacidad en la edad
adulta.6 El concepto de zapato ortopédico correctivo se derivó
también de observaciones de otras deformidades que pueden corregirse
con el uso de fuerzas externas, como son los yesos correctores para
pie equino varo congénito y el uso de corsés para la escoliosis
congénita.26
Históricamente
se ha venido utilizando el calzado “correctivo”, insertos y plantillas
en los niños con la idea de corregir el pie plano, las alteraciones
angulares (genu valgo y genu varo), así como las alteraciones
rotacionales (anteversión femoral y torsión tibial interna)
de los miembros inferiores. También han sido empleados para “mantener”
correcciones en el postoperatorio de deformidades de los pies (pie equino
varo congénito, metatarso primo varo, astrágalo vertical
congénito etcétera).
¿Existe evidencia
sobre el beneficio del “calzado correctivo” para modificar la historia
natural de estas alteraciones, y mantener las correcciones obtenidas
en cirugía? En esta breve revisión nos referiremos a cada
uno de los principales problemas ortopédicos tratados con “calzado
correctivo”.
Pie
plano
El pie plano laxo
postural es un evento fisiológico en muchos niños. La
presencia de la grasa plantar, y la laxitud ligamentosa fisiológica,
hacen que frecuentemente los niños tengan pies planos valgos
hasta los tres años. La disminución progresiva de la laxitud
ligamentosa hace que la mayor parte del desarrollo del arco longitudinal
interno se presente en los seis primeros años de vida, y posteriormente
continúe, en menor intensidad hasta los doce años 7,21.
De igual manera el desarrollo de la huella plantar evoluciona desde
un patrón plano en los primeros años, hasta un patrón
con arco en la edad adulta y esto se realiza independientemente del
tipo de calzado utilizado.2,25
Bordelon encontró
cómo el ángulo talo del primer metatarsiano mejoró
alrededor de cinco grados por año con el uso de taloneras tipo
UCBL (University of California Biomechanics Laboratory).4,5
Beck E. y Benitz U.J. describieron mejoría clínica y radiológica
en el 79 % de los pacientes con ortesis durante un año de seguimiento.3
Mereday y Dolan publican alivio del dolor, mejoría en la marcha
y mejor conformación del arco, en 10 niños con UCBL.15
Estos tres estudios
tienen un nivel de evidencia IV y un grado de recomendación C
por ser estudios sin grupos control y no aleatorizados. Los autores
tienen como parámetro de mejoría del arco longitudinal
y el valgo del talón el estudio radiológico.
Vanderwilde, Staheli
y Malagón, en 1988 publicaron la gran variabilidad de las medidas
radiológicas en el pie de los niños en crecimiento, medidas
que van cambiando sin tratamiento con el crecimiento del niño.31
En el Journal of
Bone and Joint Surgery, Wenger y Mauldin publican un experimento clínico
doble ciego aleatorizado, en el que compara la efectividad del uso de
calzado ortopédico con fórmula, las plantillas, las ortesis
tipo Helfet y las taloneras tipo UCBL, tomando como grupo control un
grupo de niños a los que no se les realizó ningún
tratamiento. Se evaluaron los niños dos años mas tarde
mediante valoración clínica y radiológica para
demostrar el desarrollo del arco longitudinal interno. No existió
ninguna diferencia en el desarrollo del arco longitudinal interno entre
los niños que utilizaron plantillas, UCBL o calzado especial,
al comparar con los niños del grupo control. 33
Es de anotar que
el empleo de cualquiera de estos elementos puede ser útil en
los niños que tienen un pie plano valgo sintomático,26,34
en los que se presenta dolor, cansancio fácil o desgaste asimétrico
del calzado, al corregir la alineación del retropié y
restaurar la biomecánica del mismo.5,12,14
En estos niños se pueden distribuir las cargas de una manera
más uniforme con el uso de plantillas o taloneras.
Aharonson encontró que la presión en el mediopié
se encontraba aumentada en los pacientes con pie plano y que las ortesis
y las plantillas UCBL restauraban esta presión a sus valores
normales.1 Los beneficios de las plantillas14
y talonera tipo UCBL en el alivio del dolor ha sido descrito también
por numeroso autores.15,16,18,20,26
Por otra parte,
los niños que caminan descalzos tienen una menor incidencia de
pie plano que los que utilizan zapato.2,9,17,23
El caminar descalzo hace que la musculatura intrínseca del pie
tenga un mejor desarrollo y haya un soporte dinámico (mas no
estático) durante la marcha.21
Alteraciones
rotacionales
¿Qué
tanto contribuye la utilización de realces en la parte externa
de la suela sobre el ángulo de progresión de la marcha
en niños?
Los trastornos en
el ángulo de progresión de la marcha son uno de los principales
motivos de consulta en ortopedia infantil. Pueden ser producto de anteversión
femoral aumentada, torsión tibial interna o aducto del antepié,
o en algunos pacientes secundario a desequilibrio muscular. La marcha
con un ángulo de progresión interna por torsión
tibial interna puede considerarse como un hecho fisiológico por
la actitud en rotación interna del niño “in útero”.
En algunos pacientes
puede desaparecer espontáneamente. Otros pueden requerir la utilización
de ortesis como la férula de Denis Browne, cuyo real beneficio
está por comprobarse. La anteversión femoral es un proceso
fisiológico en los primeros años de vida, con una clara
influencia familiar y genética, con tendencia a la disminución
a medida que el niño llega a la adolescencia16,24.
Knitlle y Staheli
realizaron un trabajo en el que se hizo un análisis de la marcha
utilizando un realce externo en la suela, para valorar si se producían
o no cambios en el ángulo de progresión de la marcha.
No encontraron diferencia en el patrón de marcha comparando los
niños con realce externo en el tacón, con los que no lo
utilizaron13.
Alteraciones
angulares
Es frecuente que
se prescriba calzado ortopédico con la idea de corregir alteraciones
angulares de las extremidades inferiores. Es normal que el niño
tenga un varo de sus rodillas simétricas y con una distancia
íntercondilea de sus rodillas no mayor de 3cm, o un eje mecánico
femorotibial no mayor de 15 grados. Después de los 2 años,
y a medida que hay un crecimiento del cóndilo interno del fémur
y un ensanchamiento de la pelvis el eje de la extremidad inferior se
torna valgo, con su pico máximo a los 3 años de edad.
Distancias intermaleolares de 9 cm o ejes femorotibiales en valgo superiores
a los 15 grados pueden requerir tratamiento.Tampoco hay evidencia que
muestre que el uso de realces en el tacón modifique el eje femorotibial
de la extremidad.16,35
Tratamiento postoperatorio
La literatura existente
sobre este tema es muy poca. Recientemente Rosselli P., Ortiz JG. y
colaboradores,19 realizaron un experimento clínico sobre la eficiencia
del zapato pronador en la preservación de las correcciones obtenidas
en el postoperatorio de pie equino varo congénito idiopático
rígido. No encuentraron diferencia en la presencia de recidivas
en los niños con liberación poste- rointerna ampliada
que utilizaron botas pronadoras, al compararlos con los que usaron zapato
corriente.
Por los anteriores
argumentos, podemos decir que el término zapato “correctivo”
es inapropiado, pues no hay evidencia de que prevenga ni corrija las
deformidades de los miembros inferiores de los niños. En algunos
pacientes, el “zapato correctivo” puede ser incomodo, puede motivar
la burla de compañeros e, incluso, limitar el juego. Puede tener
repercusiones psicológicas al crear en el niño la idea
de que tiene un “defecto en los pies”8.
Algunos estudios
en adultos que usaron “calzado correctivo”, lo recuerdan como algo poco
placentero, y han encontrado una mala autoestima en los que utilizaron
zapato correctivo, al compararlo con los grupos controles. Además
representa un costo económico grande para los padres que tienen
que comprar periódicamente zapatos por varios años.
Sorprende que la
formulación de calzado correctivo sigue siendo una costumbre
arraigada en algunos sectores de la comunidad ortopédica nacional,
aunque ninguno de los textos clásicos de Ortopedia en la última
década (Tachdjian, Lovel Winter, Wenger Rang), mencionan los
beneficios de su uso.16,30,34 Autores tan reconocidos
como Staheli26,27 no recomiendan la utilización
de “calzado correctivo” y la Academia Americana de Cirujanos Ortopedistas
tampoco lo hace.
Existen modificaciones
en el calzado que NO son controvertidas, como son, realces para
el tratamiento de discrepancias de longitud, ortesis para el niño
mayor con deformidades fijas que redistribuyen las cargas para alivio
del dolor,18,20 zapatos especiales para piel insensible,
modificaciones en la suela11 u ortesis para absorción
de choque22,32 o tratamiento de síndromes
de sobreuso.11,12
Se debe enfatizar
que el zapato ideal para un niño es aquel que sea liviano, flexible
y blando, aireado y sin tacón, discretamente más grande
que el tamaño del pie, que le permita un adecuado crecimiento
y protección. Las botas aportan mayor estabilidad en los niños
que están aprendiendo a caminar. Las suelas no deben ser muy
lisas, pues pueden hacer que los niños se deslicen, ni tan adherentes
que comprometan la propulsión.10
Es papel del médico
es explicar los cambios fisiológicos que ocurren en las extremidades
inferiores de los niños, que usualmente mejoran espontáneamente
y cuya historia natural no se modifica con el uso de calzado.
Lynn Staheli, una
de las personas que más ha publicado sobre el tema, resume su
punto de vista sobre el “zapato correctivo”: “no ayuda a los niños,
es costoso para la familia y es un descrédito para la profesión
médica.”26
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