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En mis inicios de entrenamiento en ortopedia, pocos éramos los interesados en asistir a la práctica de anatomía.Recuerdo que ésta era muy sencilla, realizada en cadáveres
preparados en formol, y hecha prácticamente sin supervisión
de un profesor. En conclusión, era una práctica de anatomía
que no dejaba una enseñanza dirigida a nuestra especialidad.
Años después tuve la oportunidad, en mi entrenamiento
de cirugía de mano y microcirugía en Paris, Francia, de asistir
asiduamente a un verdadero laboratorio de anatomía, y fue allí
que me di cuenta de la importancia de su estudio para poder
desarrollar un aprendizaje real de la especialidad, al mismo
tiempo que despertó en mí un espíritu de inquietud.
Hoy el residente de ortopedia está abocado a una presencia
institucional permanente, dada por las condiciones de los
hospitales y las clínicas, por el sistema de seguridad social,
por la carencia de una cátedra de anatomía enfocada a las
condiciones requeridas por un estudiante de la especialidad,
sumado a la falta en Colombia de un verdadero laboratorio de
anatomía y, por último, a la falta de deseos de los profesores
de impregnarse del olor no tan agradable emanado de los
sitios de práctica.
Qué fuera de la medicina hoy, de no haberse realizado una
investigación básica anatómica, o de no haber accedido, en los
albores del Renacimiento, a la disección de cadáveres.
Históricamente se conoce que hacia el año 300 a. C., el
principal centro de estudios de medicina del mundo conocido
era el Museión, o Escuela de Medicina de Alejandría, patrocinada y mantenida por los faraones. Entre sus asignaturas los
aspirantes a médicos tenían como principal materia el estudio
de la anatomía. Allí Herófi lo, quien describió las diferencias
entre los tendones y los nervios, y Emistrato (Erasistrato),
quien estudió la estructura y el funcionamiento del cerebro
y cerebelo, practicaron las primeras disecciones en cuerpos
humanos.
Aun tengo guardado en mis sentimientos la agradable
sensación que percibí cuando descubrí lo que marcó el Renacimiento
como época de grandes descubrimientos en el arte,
la literatura, y el inicio de grandes empresas de aventuras que
dieron con el descubrimiento de un nuevo continente para
los europeos. En ese momento algunos artistas, con el fi n de
lograr la perfección de los desnudos humanos de la escultura
clásica, y de plasmarlos en la pintura, buscaron aumentar sus
conocimientos anatómicos para poder así esculpir y pintar el
cuerpo humano de la manera más real y natural posible. Entre
estos se pueden señalar a Donatello (1386-1466), Andrea del
Verrochio (1405-1488), o Antonio Pollaiuolo (1432-1498).
Muchos artistas eran solo observadores de las disecciones
realizadas en las universidades, pero aquí marcó la gran
diferencia Leonardo da Vinci (1452-1519) cuando decidió
practicar disecciones en cadáveres que no tenían ninguna
preservación, convirtiéndose así en un anatomista, corriendo
contra el tiempo de la putrefacción (ya que en ese tiempo no
había manera de preservarlos), y también en contra de los
preceptos religiosos que podían condenarlo. Fue debido a
este hombre que hoy podemos contar con un legado maravilloso,
no solo en materia sino en enseñanza, ya que mostró el
cuerpo humano con la dimensión verdadera, lo plasmó con las líneas y sombras reales en el lienzo, y nos legó también
un sinnúmero de datos y dibujos de anatomía hermosamente
pintados con su mano izquierda prodigiosa, que aparte de su
exactitud, constituyen verdaderas obras de arte.
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Leonardo comprendió y utilizó el auténtico método experimental
un siglo antes de que Francis Bacon hablase sobre él. Dijo que la verdadera ciencia se basa en la observación, lo
que hoy en día es uno de los pasos fundamentales del método
científi co. Antes de la aparición de la gran obra De humani
corporis fabrica (1543) de Vesalio, hay que reconocer el trabajo
de algunos pocos como Benedetti, Zerbi y Berengario de
Carpi, que trabajaron en el norte de Italia, en las universidades
de Padua y Bolonia, las dos más importantes del mundo en
ese momento, y en donde la enseñanza de la anatomía era
parte de los estudios médicos. Vesalio (1515-1564), tal vez el
padre de la anatomía moderna, consiguió dar un gran paso en
la dignifi cación de la anatomía, y le otorgó un puesto central
en la formación médica. Produjo un vuelco en la enseñanza
anatómica al ser él mismo el que realizaba las disecciones,
abandonando así su carácter de demostración para transformarse
en una tarea de observación del cadáver. En sus dibujos que hoy perduran en la historia de la medicina, fue ayudado
por Kalcar, uno de los discípulos de Tiziano. Vesalio abrió
una gran puerta para el advenimiento del resto de anatomistas,
dándole realce a esta disciplina.
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En el mundo de hoy, una pequeña parte de las publicaciones
a las que tenemos acceso en ortopedia y traumatología
vienen de las ciencias básicas como la anatomía. Recordemos
que a partir de allí aún se desarrollan modelos de colgajos,
entendimiento de fisiología y cinemática de las articulaciones, y
otras investigaciones que sin el concurso del trabajo anatómico
no serían posibles. Nuestros especialistas de hoy salen entrenados
con el conocimiento básico para realizar un abordaje,
siguiendo unos planos determinados. Pero si los sometemos
a un abordaje de riesgo, a un plano diferente, observaríamos
titubeos o difi cultades, y esto se debe al desconocimiento de
una anatomía conceptual alrededor de la patología que se va
a tratar. Los residentes de hoy quieren operar rápidamente,
olvidándose a veces del claro concepto de las ciencias básicas,
y esto –que es permitido por los programas de enseñanza– los
convierte muchas veces técnicos quirúrgicos y no en cabales
ortopedistas y traumatólogos, como debería ser.
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