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Editorial
Anatomía
Importancia en los programas de entrenamiento de ortopedia


Dr. Enrique Vergara Amador *
* Profesor Asociado, Universidad Nacional de Colombia
Editor Director

En mis inicios de entrenamiento en ortopedia, pocos éramos los interesados en asistir a la práctica de anatomía.Recuerdo que ésta era muy sencilla, realizada en cadáveres preparados en formol, y hecha prácticamente sin supervisión de un profesor. En conclusión, era una práctica de anatomía que no dejaba una enseñanza dirigida a nuestra especialidad.

Años después tuve la oportunidad, en mi entrenamiento de cirugía de mano y microcirugía en Paris, Francia, de asistir asiduamente a un verdadero laboratorio de anatomía, y fue allí que me di cuenta de la importancia de su estudio para poder desarrollar un aprendizaje real de la especialidad, al mismo tiempo que despertó en mí un espíritu de inquietud.

Hoy el residente de ortopedia está abocado a una presencia institucional permanente, dada por las condiciones de los hospitales y las clínicas, por el sistema de seguridad social, por la carencia de una cátedra de anatomía enfocada a las condiciones requeridas por un estudiante de la especialidad, sumado a la falta en Colombia de un verdadero laboratorio de anatomía y, por último, a la falta de deseos de los profesores de impregnarse del olor no tan agradable emanado de los sitios de práctica.

Qué fuera de la medicina hoy, de no haberse realizado una investigación básica anatómica, o de no haber accedido, en los albores del Renacimiento, a la disección de cadáveres.

Históricamente se conoce que hacia el año 300 a. C., el principal centro de estudios de medicina del mundo conocido era el Museión, o Escuela de Medicina de Alejandría, patrocinada y mantenida por los faraones. Entre sus asignaturas los aspirantes a médicos tenían como principal materia el estudio de la anatomía. Allí Herófi lo, quien describió las diferencias entre los tendones y los nervios, y Emistrato (Erasistrato), quien estudió la estructura y el funcionamiento del cerebro y cerebelo, practicaron las primeras disecciones en cuerpos humanos.

Aun tengo guardado en mis sentimientos la agradable sensación que percibí cuando descubrí lo que marcó el Renacimiento como época de grandes descubrimientos en el arte, la literatura, y el inicio de grandes empresas de aventuras que dieron con el descubrimiento de un nuevo continente para los europeos. En ese momento algunos artistas, con el fi n de lograr la perfección de los desnudos humanos de la escultura clásica, y de plasmarlos en la pintura, buscaron aumentar sus conocimientos anatómicos para poder así esculpir y pintar el cuerpo humano de la manera más real y natural posible. Entre estos se pueden señalar a Donatello (1386-1466), Andrea del Verrochio (1405-1488), o Antonio Pollaiuolo (1432-1498). Muchos artistas eran solo observadores de las disecciones realizadas en las universidades, pero aquí marcó la gran diferencia Leonardo da Vinci (1452-1519) cuando decidió practicar disecciones en cadáveres que no tenían ninguna preservación, convirtiéndose así en un anatomista, corriendo contra el tiempo de la putrefacción (ya que en ese tiempo no había manera de preservarlos), y también en contra de los preceptos religiosos que podían condenarlo. Fue debido a este hombre que hoy podemos contar con un legado maravilloso, no solo en materia sino en enseñanza, ya que mostró el cuerpo humano con la dimensión verdadera, lo plasmó con las líneas y sombras reales en el lienzo, y nos legó también un sinnúmero de datos y dibujos de anatomía hermosamente pintados con su mano izquierda prodigiosa, que aparte de su exactitud, constituyen verdaderas obras de arte.

Leonardo comprendió y utilizó el auténtico método experimental un siglo antes de que Francis Bacon hablase sobre él. Dijo que la verdadera ciencia se basa en la observación, lo que hoy en día es uno de los pasos fundamentales del método científi co. Antes de la aparición de la gran obra De humani corporis fabrica (1543) de Vesalio, hay que reconocer el trabajo de algunos pocos como Benedetti, Zerbi y Berengario de Carpi, que trabajaron en el norte de Italia, en las universidades de Padua y Bolonia, las dos más importantes del mundo en ese momento, y en donde la enseñanza de la anatomía era parte de los estudios médicos. Vesalio (1515-1564), tal vez el padre de la anatomía moderna, consiguió dar un gran paso en la dignifi cación de la anatomía, y le otorgó un puesto central en la formación médica. Produjo un vuelco en la enseñanza anatómica al ser él mismo el que realizaba las disecciones, abandonando así su carácter de demostración para transformarse en una tarea de observación del cadáver. En sus dibujos que hoy perduran en la historia de la medicina, fue ayudado por Kalcar, uno de los discípulos de Tiziano. Vesalio abrió una gran puerta para el advenimiento del resto de anatomistas, dándole realce a esta disciplina.


En el mundo de hoy, una pequeña parte de las publicaciones a las que tenemos acceso en ortopedia y traumatología vienen de las ciencias básicas como la anatomía. Recordemos que a partir de allí aún se desarrollan modelos de colgajos, entendimiento de fisiología y cinemática de las articulaciones, y otras investigaciones que sin el concurso del trabajo anatómico no serían posibles. Nuestros especialistas de hoy salen entrenados con el conocimiento básico para realizar un abordaje, siguiendo unos planos determinados. Pero si los sometemos a un abordaje de riesgo, a un plano diferente, observaríamos titubeos o difi cultades, y esto se debe al desconocimiento de una anatomía conceptual alrededor de la patología que se va a tratar. Los residentes de hoy quieren operar rápidamente, olvidándose a veces del claro concepto de las ciencias básicas, y esto –que es permitido por los programas de enseñanza– los convierte muchas veces técnicos quirúrgicos y no en cabales ortopedistas y traumatólogos, como debería ser.


  16/Abr/2008

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Sociedad Colombiana de Cirugía Ortopédica y Traumatología