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Una buena costumbre en el personal médico es la discusión
académica. Ésta se hace de diferentes maneras: en los congresos
o seminarios médicos, en la revisión diaria que se hace de
los pacientes en las clínicas u hospitales, en las discusiones de
casos con los colegas e incluso en las discusiones llevadas a
cabo en los corredores de los hospitales. Esta discusión casi
siempre es resultado de los casos complejos que llevan a los
diferentes médicos a dar opiniones acerca del paciente, que
pueden estar sustentadas por la experiencia de cada uno, por
un resultado crítico de una evaluación sistemática de un tema,
o por el simple resultado de una revisión de un artículo de
revista publicado casi siempre recientemente.
Este intercambio de información es una alimentación
importante para mejorar la calidad de nuestros conocimientos
y nos llevará a ser muy críticos para una mejor atención de
nuestros pacientes.
Reflexionemos un poco y miremos hacia el pasado. Durante
nuestro entrenamiento en la especialidad, ¿qué hubiera
pasado de no haber contado con los libros maravillosos de lectura
con los cuales nos nutríamos académicamente, los libros
maestros de la ortopedia y traumatología, las clásicas revistas
de cirugía de huesos y articulaciones? Nuestros predecesores
intentaron escribir y muchos lo lograron, sin medicina basada
en la evidencia, basados en su experiencia y en las ganas de
compartir sus conocimientos con otros colegas.
Hoy escribir es mucho más fácil, sobretodo lograr una
difusión científica ya que se cuenta con mayor cantidad de
revistas para publicar, con diversas categorías de acuerdo a la
calidad de la publicación y con la facilidad de la comunicación
debido a la internet.
El proceso de escribir, de exponer ideas, innovaciones,
modificaciones de las técnicas o mostrar nuestra experien cia, requiere de un claro concepto de pensamiento y de
escritura, que no se logra en una jornada. Se requiere de un
proceso de intención de organización y de disciplina para
comenzar, sigue por un proceso de lectura y análisis de la
información y finaliza por el proceso de escritura, que es
el producto de una combinación de muchos factores entre
los cuales están el resultado de todo lo leído y de toda la
experiencia acumulada con los pacientes. Nuestros escritos
serán al inicio muy primarios, pero con el transcurrir del
tiempo y después de hacerlo repetidamente, se observará
un pensamiento más fluido, aparecerán más fácilmente las
ideas y sabrán organizarse de manera más adecuada tanto
las ideas como los documentos.
Se encuentran dentro de la población de cirujanos algunos
que no quieren compartir sus conocimientos e ideas, pero
la gran mayoría conserva un espíritu académico y generoso.
Comparten de diversas maneras, como decíamos anteriormente,
en los pasillos, en los cuartos de los pacientes y en los
seminarios. A todos ellos los invito a que plasmen sus ideas
y sus experiencias por escrito. Insisto en que deben exponer
sus ideas de manera clara y ordenada, siguiendo las normas
básicas para los artículos científicos presentados a cualquier
revista médica.
¿Y quién se beneficia al escribir? En primera instancia los
escritores. Siempre me he dicho que al escribir nuestras ideas
y tratar de trasmitirlas a otros, quien más se beneficia es la
persona que escribe, siendo una de las formas más importantes
de aprender. El siguiente beneficiario es el público médico
que de esta manera aprende de la experiencia de los otros.
Recordemos que no debemos ser los únicos poseedores del
conocimiento; el conocimiento está allí para todos, solo que
unos lo construyen día a día con su práctica y son ellos los
llamados a trasmitir ese legado a las futuras generaciones
que irán a curar a nuestra propia descendencia. |