Fracturas
supracondíleas de húmero en niños.
Perfil epidemiológico.
Dr.
Enrique Vergara Amador*
*Ortopedista y traumatólogo. Profesor asociado, Universidad Nacional
de Colombia. Hospital de la Misericordia. E-mail: enriquemanuel43@hotmail.com
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Resumen
Entre junio
de 1995 y el mismo mes de 1998 fueron revisadas 352 historias
clínicas de pacientes que ingresaron al servicio de ortopedia
del Hospital de la Misericordia con diagnóstico de fractura
supracondílea de humero, para efectuar el correspondiente
análisis epidemiológico y de algunos aspectos clínicos
acerca de las lesiones asociadas, el tipo de tratamiento y las
complicaciones. Palabras
claves: Fractura supracondílea de húmero,
síndroe compartimental de miembro superior, clasificación
de Gartland, ángulo de Baumann.
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Introducción
La fractura supracondílea
de húmero es una situación clínica de suma importancia
en la población pediátrica, y representa 50 al 60 % de
las fracturas del miembro superior y 3,3 % de todas las fracturas en
niños.1,2 De igual manera sus complicaciones
son serias y requieren por eso de un cuidado especial.
Son clasificadas
en extensión y en flexión, siendo 90 a 98% en extensión.
Las características del desplazamiento en extensión han
sido reportadas como posteromediales en 90% de los casos y posterolaterales
en 10%.3
La clasificación
más usada y simple es la de Gartland,4
en la cual corresponde al tipo I, la fractura no desplazada; el tipo
II es una fractura angulada posteriormente, que conserva la cortical
posterior; y la tipo III, es la fractura desplazada sin contacto en
la cortical posterior.
Esta fractura es
casi exclusiva del esqueleto inmaduro, ocurre en la primera década
de la vida con un pico mayor entre los 5 y 8 años.5
La arquitectura ósea del niño permite esto, ya que sus
diámetros anteroposterior y lateral son menores, el húmero
es menos cilíndrico en la zona metafisaria y está localizada
entre las fosas coronoidea y olecraneana, lo que ha hace más
frágil.
Clínicamente
se presenta un gran edema y deformidad a nivel del codo y se debe dirigir
la atención a la posibilidad del compromiso neurovascular.6
El nervio radial
y el nervio interóseo anterior, rama del nervio mediano, son
los nervios más comprometidos y deben ser documentados antes
de cualquier tipo de tratamiento.7,8
La evaluación
radiográfica se realiza con dos proyecciones, una lateral donde
se debe analizar la presencia del cojinete graso, la línea humeral
anterior, que debe cortar el centro de osificación del capitellum,
el desplazamiento anterior o posterior y una proyección anteroposterior
para establecer el desplazamiento en varo o valgo, según el ángulo
de carga (húmero-cubital) que es muy difícil de evaluar
en estos pacientes y el ángulo de Baumann, el cual mantiene una
constante relación con el ángulo de carga (Figuras
1 y 2). 2,9,10
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| Figura
1. Línea humeral anterior cortando el núcleo del capitellum
en una proyección lateral de un húmero normal. |
Figura
2. Ángulo de Baumann normal. |
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| Figura
3. Fractura tipo III, con reducción cerrada y fijación
percutánea. Los clavos están paralelos y anclados
en la cortical opuesta. |
Existen diversas
opciones de tratamiento, si bien pensamos que la elección más
apropiada es la reducción cerrada con fijación percutánea.
2,3,11,12 La fractura tipo I puede ser manejada
con una inmovilización de yeso circular o férula. Las
tipo II y III en general requieren la reducción cerrada con fijación
percutánea, teniendo aun en mente la reducción abierta
y la tracción esquelética en algunos casos (Figura
3).
El objetivo del
presente estudio es hacer una evaluación del perfil epidemiológico
de esta patología, que nos permita establecer la frecuencia,
características de presentación, formas de tratamiento
y las complicaciones encontradas después de los procedimientos
Materiales
y métodos
Se trata de una
serie de casos de 352 pacientes, que ingresaron entre junio del 1995
y junio del 1998 al servicio de ortopedia del Hospital de la Misericordia
y a quienes se les diagnosticaron fracturas supracondíleas del
húmero. Las variables analizadas fueron demográficas (edad,
sexo y tratamientos empíricos previos) y clínicas: tipo
de fractura (abiertas o cerradas), clasificación de Gartland
(I, II, III), lado comprometido, lesiones asociadas, formas de tratamiento,
complicaciones y días de estancia hospitalaria.
Resultados
Con respecto a la
edad, se observó un predominio de la incidencia de fracturas
entre los 5 y 6 años (123 casos). En la distribución por
sexo, predominó el masculino con 215 casos (61%) y predominó
la fractura en el lado izquierdo (59%). De otra parte, 96% de las fracturas
fueron cerradas y en cuanto al tipo de fractura la más frecuente
fue la tipo III, en un 94% (314 casos) (Tablas 1 y 2).
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Tabla
1. Distribución por edad.
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Edad
en años
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Numero
de pacientes
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0-3
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58
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4
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40
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5
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58
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6
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65
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7
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37
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8
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26
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9
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27
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10
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20
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11
o mas
|
21
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Las lesiones asociadas
encontradas fueron, en primer término, alteración vascular:
la cual ocurrió en 1% (5 casos), con disminución de los
pulsos, palidez y frialdad, que remitieron tras el procedimiento de
reducción e inmovilización sin requerir exploración
vascular. En segundo lugar, el compromiso neurológico se encontró
en 14% (48 casos), discriminados así: 61% (32) del nervio radial,
25% del mediano, 12% del cubital (ulnar) y 2% no especificado; por último,
en toda la serie se encontró sólo un caso de síndrome
compartimental.
Es importante mencionar
que 5,7 % de los pacientes (20 casos) recibieron tratamiento empírico
previo por parte de personal no calificado.
En cuanto al tratamiento,
22% lo recibieron el mismo día del trauma, 44% al segundo día
y el resto después de dos días. El tratamiento definitivo
fue la reducción cerrada mas fijación percutánea
(80%), seguida de la reducción abierta con osteosíntesis
en 14%. El promedio de estancia hospitalaria fue de 3 días y
las deformidades residuales registradas fueron: desviaciones angulares
en varo (5%) y en valgo (1,5%). El ángulo de Baumann no fue medido
en la gran mayoría de los casos por lo cual no es reportado.
Discusión
En esta serie encontramos
el pico de incidencia entre los 5 a 7 años y predominio del sexo
masculino, similares a los reportados en la literatura.1,5
En general, las
complicaciones neurológicas son reportadas entre 5% y 19%,2,6,7,8,13
mientras que en esta serie alcanzó la cifra de 14% y la más
frecuente fue el compromiso del nervio radial (61%), aunque no pudo
correlacionarse el desplazamiento de la fractura con respecto al nervio
comprometido. Todas las lesiones neurológicas se recuperaron
sin tratamientos quirúrgicos adicionales. Hemos observado que
la lesión del nervio interóseo anterior es la que con
mayor frecuencia resulta omitida en el examen clínico, de modo
que es preciso hacer una evaluación muy cuidadosa.
Las lesiones vasculares
fueron bajas (1%) y todas recuperaron después del tratamiento.
De otra parte, sólo se encontró un síndrome compartimental,
aunque 5,7% de los pacientes recibieron tratamiento empírico
inicial.
En cuanto al tipo
de tratamiento, la mayoría (80%) de los sujetos fueron manejados
con reducción cerrada y fijación percutánea, mediante
dos clavos laterales, controlados con radiografías intraoperatorias
o intensificador de imágenes, siendo este el método de
tratamiento preferido en nuestra serie. Nos parece importante anotar
la importancia de la colocación de los clavos, que deben ser
paralelos o al menos que se crucen después de haber pasado el
foco de fractura y tienen que anclarse en la cortical opuesta, pues
así las ventajas biomecánicas son mayores.
De nuestros pacientes
5% presentaron deformidad angular en varo y 1,5% en valgo, que en su
gran mayoría no requirieron ningún tipo de tratamiento
adicional.
Desafortunadamente
encontramos subregistros respecto al ángulo de Baumann, lo mismo
que para las alteraciones rotacionales, por lo que no es posible hacer
una evaluación al respecto.
En conclusión,
las fracturas supracondíleas tienen una alta incidencia entre
los 5 y 7 años de edad y suelen acompañarse de otras lesiones
importantes que deben ser evaluadas acuciosamente al ingreso del paciente.
El método de tratamiento elegido debe controlar y mantener las
desviaciones angulares que puedan existir y que no conlleven a una mayor
morbilidad de la que por sí misma genera la fractura.
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