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Hospitales universitarios II
La teoría del hospital autosuficiente 12 años
después muestra que todas las instituciones que históricamente
han sido el único recurso de las mayorías pobres, cuna
y base de nuestra medicina oscilan entre la quiebra y el cierre, tratando
de agarrarse al espejismo del mercado prometido. Ahora la moda es la
reestructuración, vuelve y juega.
Pero nadie se acuerda del humilde usuario que requiere un servicio y
no tiene dónde obtenerlo porque los grandes hospitales han muerto…por
inanición económica.
Con la ley 100 se acabó el concepto de “caridad” cuando
se trata de la atención en salud de los desvinculados al sistema
que no encuentra dónde tratarse, pues sus hospitales “improductivos”
han sido liquidados y los que todavía sobreviven
no los atienden. Planteando una intermediación innecesaria para
administrar la salud de los colombianos, se ha quebrado a los hospitales
y clínicas que no facturan bien, que no saben cobrar y además
se les obsequia la cultura
del no pago. A estos hospitales universitarios el estado los abandona,
la economía los absorbe y la insolidaridad ciudadana los derrumba. ¿Cuántos
hospitales más veremos en liquidación ante la voracidad
del sistema intermediario de la salud?
Ahora se ha planteado la necesidad de que
las EPS generen
la producción de sus propios recursos del personal humano en todas
las áreas de la salud, cambiando la representación académica
de los hospitales universitarios por la representación
asistencial de las EPS, que ya quieren hasta formar sus propias facultades
de medicina.
No se debe desplazar la responsabilidad de la formación
del recurso humano en salud del sector educativo al sector salud y de
las universidades a las EPS, sin violar la autonomía universitaria
ni la propia ley 100.
El sistema de salud no entiende que parte de la función
de los hospitales es aportar a la excelencia en la formación médica
y paramédica y la situación es preocupante porque el proyecto
de reforma del Gobierno le quita a los hospitales públicos su
papel de centros de formación.
En el magnífico editorial de El Tiempo del 27 de
diciembre
del 2003, (una excelente síntesis de los problemas de la ley 100),
se hacía especial énfasis en la urgente necesidad de una
reforma de la ley 100 que desmonte los privilegios para el componente
asegurador, financiero y administrativo
y repare las inequidades que afectan a las IPS y a los profesionales
de la salud. Sólo así podrá evitarse el colapso
definitivo de la red pública hospitalaria y muy especialmente
de los Hospitales Universitarios, llamados hoy irónicamente “empresas
sociales del estado”.
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