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Indicaciones a los autores

  1. La Revista Colombiana de Ortopedia y Traumatología, como órgano oficial de la sociedad Colombiana de Cirugía Ortopédica y Trumatología, publicará artículos de la especialidad o relacionados con ella, previa aprobación del comité editorial.
  2. Los trabajos, salvo circunstancias especiales, deben ser inéditos y suministrados del editor y exclusivamente a la revista. Su reproducción total o parcial debe contar con la aprobación dar crédito a la publicación original.
  3. Los trabajos deben ser remitidos a Revista Colombiana de Ortopedia y Traumatología ( Apartado Aéreo 91298 Santa fe de Bogotá) , en original en disquete de 3.5 pulgadas, compatibles, con sistema IBM PS2, preferiblemente en Word Perfec o en MSWord, y una copia en papel de éste, tamaño carta a doble espacio, empleando una sola cara del papel, y guardando un margen izquierdo de 4 cm. Deben venir acompañados de una carta del autor principal en donde se exprese claramente que el trabajo ha sido lído y aprobado por todos los autores, e igualmente informar si se ha sometido parcial o totalmente a estudio por parte de otra revista. El autor debe guardar copia de todo el material enviado.
  4. Cada componente del trabajo debe iniciarse en una nueva página de acuerdo a la siguiente secuencia: página del título, resumen y palabras clave, texto, resumen en inglés (summary), agradecimientos, bibliografía, tablas (cada tabla en página separada con su título y notas) y leyendas para las figuras.
  5. En la primera página se incluye el título corto que refleje el contenido del artículo, el nombre del autor y sus colaboradores con los respectivos títulos académicos y el nombre de la institución a la cual pertenece. Se señalan los nombres y direcciones del autor responsable de la correspondencia relacionada con el trabajo y aquél a quien debe solicitarse las separatas. Se especifican las fuentes de ayuda para la realización del trabajo en forma de subvenciones, equipos y drogas.
  6. El resumen de no más de 150 palabras, debe enunciar los propósitos del estudio o de la investigación, los procedimientos básicos, los hallazgos principales y las conclusiones.
  7. El texto debe incluir introducción, material y métodos, resultados y discusión; las abreviaturas deben explicarse y su uso limitarse. Su extensión no debe ser mayor de 30 páginas a máquina a doble espacio, tamaño carta, y se acepta un máximo de 5 ilustraciones.
  8. La bibliografía se enumera en orden alfabético y se escribe a doble espacio 
    • En caso de revistas: apellidos e iniciales del nombre del autor y sus colaboradores (si son más de 5 puede escribirse, después de los 3 primeros, et al o cols.; título completo del artículo, nombre de la revista abreviado según el estilo del Index Medicus, año de publicación, volumen, páginas inicial y final. Para el uso de la puntuación siga el ejemplo: Jones HR., Siekert RG., Neurologic manifestations of bacterial endocarditis. Ann Int Med, 1969; 71: 21-28
    • En caso de libros: apellidos e iniciales de todos los autores, título del libro, edición, ciudad., casa editorial, año, páginas inicial y final. Para el uso de la puntuación, sígase el ejemplo: Fenilchelo O. Teoría psicoanalítica d ela neurosis, 3a de, Buenos Aires: Editorial Paidós; 1966: 56
    • En caso de capítulos de libros: apellidos e iniciales de los autores del capítulo, título del capítulo, autores o editores del libro, título del libro, edición, ciudad, casa editora, año, páginas inicial y final. Para el uso de la puntuación, sígase el ejemplo: Drayer BP, Poser CM. "Enfermedad de inclusión citomegálica del SNC". En Toro G., Vergara Y., Saravia J., Poser CM., eds. Infecciones del sistema nervioso central. Santafé de Bogotá: Fondo Educativo Interamericano S.A.; 1978 172-175.
  9. Las tablas y cuadros se denominarán tablas, y deben llevar numeración arábiga de acuerdo al orden de aparición. El título correspondiente debe estar en la parte superior de la hoja y las notas en la parte inferior. Los símbolos para unidades deben aparecer en el encabezamiento de las columnas. Las unidades deben expresarse en el Sistema Internacional S.I. las fotografías, diapositivas, gráficas, dibujos y esquemas se denominan figuras, se enumeran según el orden de aparición y sus leyendas se escriben en hojas separadas. Al final de las leyendas de la microfotografías se debe indicar la colaboración y el aumento utilizado. Todo material como fotografías. Diapositivas, etc., deben ir marcados con su respectivo orden numérico y el nombre del trabajo o el apellido del autor. Las fotografías de las histologías serán sacadas a color, por lo tanto sus originales deben tener una buena reproducción. Si son gráficas o dibujos deben ser elaborados en cartulina blanca o papel vegetal con tinta china e indentificarse con el número de orden en la parte inferior. Si una figura o tabla ha sido previamente publicada se requiere permiso escrito del editor y debe darse crédito a la publicación original. Si se utilizan fotografías de personas, éstas no deben ser identificables; en caso contrario, debe obtenerse el permiso escrito para emplearlas.
  10. El comité editorial podrá seleccionar como editorial aquel trabajo que merezca destacarse por su calidad y su importancia para nuestra especialidad.
  11. Se consideran actualizaciones aquellos trabajos que contienen una completa revisión de los adelantos recientes ocurridos en un campo específico de la ortopedia.
  12. Comunicaciones breves son aquéllas que presentan la opinión o experiencia personal del autor sobre un tema que se considera de interés para la ortopedia. Puede acompañarse de una breve revisión.
  13. Presentación de casos son los trabajos destinados a describir uno o más casos que el autor considere de interés especial. Deben constar de resumen, descripción detallada del caso y discusión.
  14. Las cartas al editor son comentarios cortos sobre algún material previamente publicado por la Revista Colombiana de Ortopedia y traumatología.
  15. La Revista Colombiana de Ortopedia y Traumatología no asume ninguna responsabilidad por las ideas expuestas por los autores.
  16. Para las citas de referencias la abreviatura de la Revista Colombiana de Ortopedia y Traumatología es Rev. Col. Or. Tra.
  17. Los artículos serán sometidos al proceso de revisión editorial, en donde podrán ser modificados, cambiados o corregidos por los editores, para mejorar la redacción, gramática, ortografía y presentación. El autor correspondiente recibirá una prueba (galera) que él debe revisar cuidadosamente, aportando los cambios mínimos indispensables y aclarando las dudas de los editores.

Editorial

¿Quiénes publican en nuestro medio? Análisis de los últimos tres años
Producción académica según instituciones
Institución Total 2004 2005 2006
Hospital Militar 16 5 5 6
U. del Valle 12 3 4 5
U. Nacional de Colombia 11 2 3 6
Fundación Santa Fé 10 4 4 2
I. Roosevelt 7 1 3 3
U. de Antioquia 5 3 1 1
U. El Bosque 5 1 3 1
C. del Niño 4 2 1 1
H. San Rafael 3 1 1 1
H. San José 3 1 1 1
C. Imbanaco 3 2 1 0
U. Javeriana, H. San Ignacio 2 0 1 1
Inst. Nal. de Cancerología 2 1 0 1
U. Militar Nueva Granada 2 0 2 0
Barranquilla 2 0 1 1
Pasto 1 1 0 0
Popayán 1 1 0 0
U. Manuela Beltrán 1      
C. Marly 2   2  

Las universidades son, por su misión y filosofía, las instituciones formadas para la enseñanza y la creación de nuevos conceptos, los cuales son desarrollados según las diferentes metodologías existentes para la investigación. En lo que compete al área de ortopedia y traumatología, debemos ser los creadores de nuevas técnicas o aportes a la investigación que redunden en benefi cio de nuestros pacientes.

En nuestro país contamos con diez programas de especialización en ortopedia y traumatología, que son los que deben nutrir en su mayor parte la producción científi ca nacional, amén de otras instituciones de índole universitaria que aportan a la atención e investigación.

Al realizar el análisis de los artículos publicados en nuestra Revista en los últimos tres años, nos llevamos una sorpresa poco agradable, pues pudimos apreciar la pobreza en materia de publicación de algunas instituciones de las cuales uno espera una mayor producción intelectual (ver tabla 1). Esto aparentemente refl ejaría la escasa producción académica o un défi cit en la metodología para la producción científi ca o, en su defecto, mostraría que estas instituciones están enfocadas a la productividad económica y la asistencia de los pacientes. Podría indicar, observándolo desde otro punto de vista, que la escasa o mucha producción científica está fugándose al exterior, hecho que tampoco explicaría el bajo nivel de publicación ya que, de ser así, la observaríamos en la literatura mundial.

Recordemos que la Revista Colombiana de Ortopedia y Traumatología ha hecho un esfuerzo editorial grande y permanente para estar mejor clasificada en el índice de Colciencias, hecho que permite que la producción científica universitaria sea reconocida por los estamentos de las diferentes universidades, y facilita la creación de grupos de investigación que puedan ser reconocidos por Colciencias, entidad del gobierno que organiza y asigna el dinero para dichos grupos.

Al hacer un análisis por ciudades (ver figura ) se observa que Bogotá, al contar con mayor número de universidades e instituciones en salud, tiene la mayor cantidad de producción académica; sin embargo, vemos con preocupación ciudades que, a pesar de contar con programas de posgrados, tienen escasa o nula producción científica, verbigracia Cartagena, Barranquilla y Bucaramanga. ¿Qué está sucediendo? ¿Qué factor o factores inciden en este hecho? Creo firmemente que el mayor problema tiene sus raíces en la parte dirigente y docente. Si esta parte no está preparada para asumir la dirección de la investigación y de la redacción científi ca, la parte dicente no aprenderá, y se acostumbrará a no escribir sus experiencias, sus anotaciones y observaciones pero, sobre todo, no aprenderá a cuestionarse.

Figura 1

Para asumir la dirección de la investigación y de la redacción científi ca, la parte dicente no aprenderá, y se acostumbrará a no escribir sus experiencias, sus anotaciones y observaciones pero, sobre todo, no aprenderá a cuestionarse. Los ortopedistas que dirigen servicios de ortopedia y traumatología, y la parte docente de las universidades, deben preocuparse y procurar que esto cambie radicalmente, que dé un viraje positivo, y deben prepararse para asumir la conducción de la investigación, de la redacción científi ca y, ante todo, de la enseñanza de la metodología. En el concierto mundial se reconoce y se mira con respeto lo que se escribe y publica, y no solamente lo que se realiza, que muchas veces no se conoce por la falta de comunicación escrita.

Reflexionemos acerca de cómo podemos aportar a nosotros mismos y al resto de la comunidad ortopédica, a sabiendas de que eso implica un pequeño esfuerzo, que en general todos podemos hacer.

Dr. Enrique Manuel Vergara Amador
Editor asociado

Biografía

Dr. Jhon Hunter (1728-1793)

Dr. Jhon HunterJohn Hunter fue el más pequeño de los diez hijos de John y Agnes Hunter, quienes vivían en Hunterstown, un pequeño pueblo cerca de Glasgow, Escocia. La casa tiene una inscripción en la que indica que nació el 13 de febrero de 1728. Fue un niño mimado por su madre, y se dice que odiaba la escuela y los libros. Prefería aprender las cosas directamente de la naturaleza, recogiendo nidos, insectos y animales. Después de la muerte de su padre en 1741, abandonó la escuela y se dedicó al estudio informal de la economía animal y a pequeñas actividades manuales como la carpintería, donde sobresalió por su habilidad con las manos.

Cuando John cumplió los veinte años de edad, su hermano William dirigía con éxito una escuela de anatomía en Covent Garden. En esa época John Hunter, con una formación escolar muy pobre, le escribió a su hermano que ejercía la cirugía, practicaba la ginecología e impartía clases de anatomía pidiéndole trabajo, siendo aceptado por éste en septiembre de 1748 para realizar disecciones, dudando de la capacidad del joven Hunter, pero éste mostró una aptitud natural para el trabajo, interés y una insaciable curiosidad. Sus buenos resultados le valieron la posición de asistente. William le enseñó el arte de hacer preparaciones anatómicas, y más tarde utilizó sus servicios en la enseñanza. John permaneció once inviernos en el laboratorio anatómico de su hermano, donde no sólo aprendió anatomía sino también los hábitos de los “resurreccionistas”, individuos inescrupulosos que, a falta de normas legales adecuadas, suministraban a las escuelas de anatomía el material de estudio. Los cadáveres que llegaban a la trastienda de los Hunter provenían de distintas fuentes: de las manos del verdugo, de oscuros callejones donde la víctima había sido asesinada, de sepulturas acabadas de abrir, o de ataúdes aún no inhumados. Cuentan que Byrne, un joven gigante conocedor de que Hunter tenía la esperanza de apoderarse de sus restos a su muerte, al tener problemas de salud hizo preparativos para ser sepultado en el mar en un féretro de plomo, pero uno de los “resurreccionistas” de Hunter pudo sobornar a uno de los guardias de la funeraria, con lo que el imponente esqueleto pasó a formar parte de la colección de Hunter y aún puede admirarse entre sus restos. Su casa de dos fachadas en Leicester Square, atendía por la principal a los ricos clientes durante el día, y por la fachada trasera, que daba a un callejón, los “resurreccionistas” entregaban los cadáveres para su escuela de anatomía. Esto inspiró a Robert Louis Stevenson a la hora de escribir El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

En el verano, cuando el calor hacía imposible la disección, John Hunter estudiaba cirugía, primero con William Cheselden en el Hospital Chelsea, entre 1749 y 1750, y luego con Pott, en el Hospital St. Bartholomew, en 1751. Con ellos visitaba las salas, observaba las operaciones más importantes y aprendía las virtudes de la simplicidad en la terapéutica y de la no interferencia en el proceso de cicatrización. Tuvo el honor de recibir, simultáneamente con el ya famoso Pott, el grado de Maestro de Anatomía de la Cooperación de Cirujanos, en 1753.

En 1754 ingresó en el Hospital St. George como alumno de cirugía. Al año siguiente, a insistencia de su hermano, ingresó en St. Mary’s Hall en Oxford, pero su aversión hacia la educación formal se impuso y a los dos meses retornó al museo anatómico. En 1767 Hunter fue nombrado miembro de la Sociedad Real y en 1768 fue electo cirujano del Hospital St. George, posición que retuvo hasta su muerte, veinticinco años después. En ella se le permitía tener alumnos, y no menos de 449 jóvenes lo tuvieron como maestro, muchos de ellos destinados a la fama. El más celebrado fue Edward Jenner, quien se hizo su amigo y colaboró con él en el estudio de las ciencias naturales, y le dió a la humanidad la vacuna contra la viruela. Fue cirujano del rey Jorge III de Inglaterra (1776), subdirector cirujano del ejército (1786) y cirujano general del ejército (1789). El siglo XVIII fue de gran trascendencia para la cirugía: ésta se convirtió en una técnica, y la profesión de cirujano pasó a tener rango universitario. En 1780 tuvo una amarga controversia con su hermano, respecto a quién había descubierto la verdadera estructura de la placenta, que los mantuvo alejados hasta la muerte de William, debida a tuberculosis, en 1783.

En 1785 efectuó una intervención nueva y de avanzada para la época, ésta fue realizada en un aneurisma de la arteria poplítea, al ligar la arteria por encima del aneurisma y dejar que la circulación colateral irrigase la pierna, idea concebida en sus experimentos con animales. En 1788, con la muerte de Pott, se puso a la cabeza de la profesión en Londres. Fue objeto de numerosas distinciones, y en 1790 fué nombrado cirujano general del ejército británico e inspector general de hospitales.

En su época no se sabía si la sífilis –enfermedad cuyo tratamiento estaba en manos de los cirujanos– era consecuencia de un contagio animado o de un veneno. Tampoco se tenía claro si la blenorragia y la sífi lis eran la misma cosa o dos entidades distintas. Hunter se inoculó pus gonocóccico, sin embargo, éste procedía de un sifilítico ignorado. No sólo adquirió la sífilis sino que llegó a la falsa conclusión de que las dos enfermedades eran la misma. De esta manera, desde entonces se llamó chancro duro o de Hunter a la úlcera que constituye la lesión primaria de la sífilis.

Hunter fue un cirujano práctico como el resto pero a la vez fue un científi co. Su fervor hacia el empirismo se expresa muy bien en una de las cartas que dirigió a Jenner. En ella le decía: “¿Para qué pensar?, ¿por qué no ensayas el experimento?”

Dentro de sus múltiples trabajos de investigación en medicina se encuentran la descripción del gobernaculum testis, el estudio y la clasificación de los dientes, la introducción de la nutrición artificial por sondas flexibles orogástricas, la descripción del canal de los aductores, la colocación de ligaduras arteriales femorales para aneurismas poplíteos. También descubrió la velocidad de sedimentación globular: “Tomé el suero de sangre inflamatoria con algo de la parte roja y también suero de sangre libre de infl amación y las agité al mismo tiempo, después las dejé reposar y observé que los glóbulos rojos subsidian mucho más rápido en la sangre infl amatoria que en la otra”. Este descubrimiento fue revalorado hasta el siglo XX.

Los mayores aportes a la ortopedia fueron a partir de dos experimentos donde demostró que el hueso crece por dos procesos simultáneos; primero, que las arterias llevan nutrientes que ensanchan la corteza exterior y que la reabsorben (osteoclastos) al mismo tiempo estrechando al hueso de la corteza interna para que su forma permanezca igual aún después del crecimiento.

Este experimento fue debido a que en 1736 John Belchier, un jóven alumno, comentó en una cena que el hueso de su chuleta de cerdo estaba teñido de rosa y cuestionó a su maestro. Para demostrarlo Hunter alimentó a dos cerdos por dos semanas con planta de rubia cuya raíz contiene el colorante alizarina, de color rojo intenso, y a otro de control sin rubia. El primer cerdo fue sacrificado a las dos semanas y se observó que la corteza externa de los huesos largos estaba teñida de rojo, al segundo cerdo lo dejó de alimentar con rubia por las siguientes dos semanas y fue sacrifi cado, la corteza externa de los huesos era de color normal, pero la interna estaba teñida de rosa.

El segundo proceso de crecimiento que describió fue que el hueso crece en longitud por posición de nuevo hueso en sus extremos, proceso que demostró en otro experimento donde realizó dos perforaciones separadas por una pulgada en la diáfi sis tibial de un cerdo inmaduro y colocó una cuenta de metal en cada orificio; a su madurez, los animales fueron examinados y la diferencia medida entre ambos orifi cios permaneció de dos pulgadas, sin embargo la longitud del hueso había aumentado considerablemente.

A través de sus experimentos demostró que el proceso de curación de una fractura iniciaba con un coágulo de sangre extravasada entre los fragmentos de hueso, seguido de una invasión de vasos sanguíneos al intervalo, y la formación de un tejido nuevo, similar al tejido circundante que une los extremos óseos. Mostró que este nuevo tejido se convierte en cartílago y fi nalmente en hueso. En fracturas expuestas, la sangre entre los fragmentos escapa al exterior y es seguida por supuración y granulación con una curación lenta.

En otros experimentos, el hueso de diferentes especies fue necrosado con un cauterio y observó que la parte calcifi cada del hueso vivo adyacente al hueso necrótico fue absorbida, pero el hueso muerto no se descalcifi có. El área entre el hueso vivo y el muerto se transformó en tejido mucilaginoso y, finalmente, la parte muerta del hueso se separó y fue expulsada sin haber sufrido cambio alguno. “Cuando un pedazo de hueso se muere absolutamente, es para la maquinaria animal como cualquier cuerpo extraño y se adhiere solamente por la atracción de la cohesión a la maquinaria. La primera meta de la maquinaria, entonces, es deshacerse de esta cohesión y, fi nalmente, del hueso muerto”.

Igualmente, habló del concepto de la reeducación muscular necesaria una vez que se ha producido la consolidación ósea: defendió la práctica de la movilización precoz, mediante ejercicios activos, después de las enfermedades o los traumatismos. También describió cómo evaluar la fuerza muscular en un músculo debilitado.

Murió el 16 de octubre de 1793, víctima de un infarto, tras una confl ictiva junta con los directivos del St. George’s Hospital. Dejó una colección de más de 13.000 piezas anatómicas de hombres y animales que hoy se conservan en el College of Surgeons. Sus restos fueron trasladados a la abadía de Westminster el 28 de marzo de 1859. La placa que marca su tumba dice: “El Real Colegio de Cirujanos ha colocado esta placa sobre la tumba de John Hunter para recordar su admiración por su genio como un intérprete bendecido del poder divino y su sabiduría sobre el trabajo de las leyes de la vida orgánica y su agradecida veneración por sus servicios a la humanidad como el fundador de la cirugía científica”.

Hunter realizó los primeros experimentos controlados sobre el hueso, y descubrió los fundamentos del crecimiento óseo así como los de su reparación, conceptos hoy vigentes. Es considerado como el primer investigador en la ortopedia.

Dr. Enrique Vergara Amador

 

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