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Editorial

El papel de los ortopedistas como fiscalizadores de la veracidad en las publicaciones científicas

En su firme idea de posicionarse como una de las más importantes y acreditadas publicaciones científicas del país, cumpliendo estándares internacionales de calidad, la Revista de la Sociedad Colombiana de Cirugía Ortopédica y Traumatología ha comenzado una campaña dirigida hacia los miembros de la comunidad científica, invitándolos a escribir y publicar sus experiencias siguiendo las normas básicas de investigación y publicación científica (1). Por otro lado, se ha escrito acerca de la abundancia de publicaciones científicas virtuales e impresas que constituyen la principal fuente de información médica en la actualidad (2).

De la mano de todo lo anterior, surgen algunas preocupaciones: ¿Cómo se garantiza la calidad y veracidad de dichos artículos? ¿Quién o quiénes son los encargados de realizar esta tarea? Las revistas médicas cuentan con un comité editorial, encargado de vigilar que los artículos publicados cumplan con unos estándares de calidad y metodológicos, además de revisar la continuidad y coherencia de la publicación. Sin embargo, es evidente que es imposible para dicho grupo de personas verificar y certificar que lo escrito en cada uno de los artículos se ciñe a la realidad.

En general, se parte de la buena fe de los autores y se supone la intención de mostrar experiencias en algún campo del conocimiento en beneficio de la comunidad científica. A pesar de esto, se encuentran casos en los que personas con intereses particulares y no bien intencionados escriben y logran publicar trabajos en los que la metodología descrita o bien los resultados no corresponden a la verdad.

¿Cómo evitar que estos trabajos se presenten y publiquen? Es en este momento cuando sobresale el papel del ortopedista, miembro de una comunidad académica, responsable ante la misma y ante la sociedad en general de participar en la vigilancia de las investigaciones presentadas por sus colegas. Según el diccionario de la Real Academia Española, un fiscal es la “persona que averigua o delata operaciones ajenas” y fiscalizar corresponde a “criticar y traer a juicio las acciones u obras de alguien”.

Seguramente muchos de nosotros hemos oído presentaciones en congresos de investigaciones realizadas en los sitios donde trabajamos, en las que podemos identificar información incorrecta allí plasmada, bien sea de la cantidad de pacientes, de los resultados obtenidos, de las complicaciones o de cualquier otro ítem descrito en el mismo. Es prácticamente imposible que personas ajenas a dichas instituciones puedan reconocer estas inconsistencias. Pero muchas veces permitimos que esto pase inadvertido, ya sea por “colegaje”, por considerarlo como un “pequeño error” o simplemente por indiferencia.

¿No es esa una tarea lógica que debemos desempeñar? ¿No somos nosotros los mejores fiscalizadores? ¿No es preciso evitar a toda costa que estas personas publiquen trabajos falsos en medios reconocidos por la comunidad académica? Seguramente la respuesta a todos estos interrogantes es la misma. Pero no es suficiente con saberlo, es indispensable actuar a tiempo, y cuanto antes mejor. Hay que incitar al o a los autores a corregir los errores y presentar la realidad. En caso de no lograrlo, se recomienda avisar a las instancias correspondientes y, en últimas, informar a la comunidad acerca de esta circunstancia.

Tomar esta decisión y asumir esta responsabilidad no es una labor fácil, implica también disciplina, integridad y sobre todo el deseo de buscar que lo que mostramos al mundo como comunidad científica reconocida es la realidad que vivimos día a día en nuestras instituciones y en nuestro país.

Dr. Klaus W. Mieth A.,
Dra. Sonia Mercedes Quevedo Blanco. Comité editorial Ortopedista Infantil, Universidad Nacional de Colombia. Docente, Fundación Universitaria Sanitas.

Bibliografía
  1. Vergara E. Editorial. El porqué de escribir literatura médica. Rev Col Or Tra 2008; 22(2): 109.
  2. Rugeles JG. Editorial. ¿Publicaciones impresas o digitales? Rev Col Or Tra 2008; 22(3): 169.

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